jueves, 17 de diciembre de 2015

Auténtico

Auténtico. 

El amor es auténtico, más que cualquier otra cosa. Cuando ya no sabes qué creer, y los lazos entre los recuerdos y las emociones que provocaron se han vuelto un millar de cuerdas enredadas entre sí, sólo queda el amor auténtico. Aquello que está por encima de todo. No puedes tan sólo creerlo arbitrariamente, ni es algo al azar, ni lo deduces con lógica, ni su naturaleza es ilógica. No puedes engañarte y confundirlo con un capricho. No habrá nunca una completa soledad en él. Si ha sobrevivido a todo lo demás es casi como un sueño. No es triste, pero yo lo encontré detrás de todas mis tristezas. No es sólo felicidad, porque es fiel. Puede parecer estúpido: puede parecerte estúpido a ti mismo. Puede volverse borroso, y quedar enterrado. 

Y la verdad no sé para qué sirve. 

Pero sé que lo sentí por ella. 

Y cada que estoy a punto de perderme completamente y lo encuentro, sólo quiero decirle que la quiero. 

sábado, 10 de marzo de 2012

E-books

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http://www.4shared.com/folder/jy3Wp-8H/E-Books_Kuja_Vol_2.html

http://www.4shared.com/folder/dIZa34Wl/E-Books_Kuja_Vol_3.html

http://www.4shared.com/folder/eUsr9dv9/E-Books_Kuja_Vol_4.html

http://www.4shared.com/folder/QjC-ArGu/E-Books_Kuja_Vol_5.html

http://www.4shared.com/folder/s8eLx_5Z/E-Books_Kuja_Vol_6.html

jueves, 15 de septiembre de 2011

Abismos (vals).

I

Y de repente supo que no era posible. Ya lo había intuido, sabía que se mentía a sí mismo negándolo una y otra vez. Las advertencias no fueron pocas; conforme iba avanzando el tiempo era obvio que el camino que se había trazado en un principio estaba lejos, muy lejos, ahora apenas visible entre la espesa niebla de los recuerdos. El orden de las cosas no era el correcto, si bien ahora su punto de vista estaba trastocado hasta tal punto, que apenas podía distinguir lo que una vez creyó correcto. Lo único a su favor era la inmadurez; la única excusa, el chivo expiatorio en el que se escudaba cuando le preguntaban “¿por qué?” y él respondía “¿cómo podía saberlo?” Y sin embargo, lo sabía. Lo que no calculó entonces fue la magnitud de las consecuencias que sobrevinieron porque él ignoró ese conocimiento y lo echó a un lado. Pero claro, estaba en un momento de su vida donde cualquier camino era posible; la indiferencia de la rutina era incómoda, y los trayectos de la vida tan monótonos, que aquella manera de actuar, por el simple hecho de tener un matiz distinto, lo atrajo como el vacío de un abismo a quien, desde su borde, espera no caer. Cayó, y sólo entonces se dio cuenta de que ya no había vuelta atrás.

II

Era alguien que vivía siguiendo su sombra. Ese día dio espaldas a su sombra y marchó a verla.

“Si me dieras un deseo te pediría, que me dejaras devolvértelo a cambio de un beso.

Entonces moriría sin reproches sabiendo que pude alcanzarte; sería perdidamente feliz; sin despertar jamás del hechizo de tus ojos, pues no hay abismo más grande”.

No añadió nada, y quizás no fue suficiente; empero, la sinceridad fue su arma. Terminó clavándosela a sí mismo, sin siquiera escuchar una palabra de ella como respuesta.

Ahora seguía la sombra de alguien más, y no se sentía muy diferente.

III

El dolor más profundo no admite interrupciones, sino que, como una espiral descendiente, de un momento a otro pierde sus límites; éstos se desvanecen dentro de la inmensa vorágine de recuerdos que todos poseemos, para renacer de vez en cuando con brillo nostálgico, pero ya sin forma definida. Y cuando queremos recordar, encontramos aquello que no queríamos volver a ver jamás.

Jamás. Siempre. ¿Quién ha vivido suficiente para entender la magnitud de estas palabras?

Quizás sean igual de efímeras que el poder de nuestros recuerdos, la trascendencia de nuestros actos, o la presencia de una vida entre tantas. Y sin embargo, lo más superfluo puede brindarnos alguna esperanza. Que el amor que sentimos, como un trueno, arrase con lo que creemos inexorable.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Hating

I can tell I want to be with you… But I want to know why. If I am with anyone else, I just can think on you. But that is mean… I just got trapped, my heart did. And the only way out, is pain?

So you shall disappear of my life, and I can’t believe it. I can’t see it. I don’t want it.

I hate love; is that simple.

Life is full of things to do, but I just want to be with you.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Ambición y deseo.

La ambición por lo desconocido, por aquello que nos intriga y mueve a realizar todo tipo de actos que en otras circunstancias consideraríamos innecesarios, inútiles o ilógicos es algo que caracteriza al ser humano. El deseo de trascender, dejar una huella en el tiempo, en el espacio, y seguir viviendo hasta que el fuego se apague, es propio incluso de quienes creen haber desechado de sí mismos todo anhelo, y es aún más fuerte en aquellos que comparten un mismo objetivo. El motor de la vida es la ambición, y el deseo la chispa que lo enciende. Cada individuo posee una llama cuya intensidad oscila entre la queda existencia y el resplandor de una vida en movimiento; conforme vive encuentra, tanto en su entorno y en los sucesos que presencia como en sus experiencias pasadas, motivos para encenderla con aquella chispa de deseo la cual es en realidad un fantasma, que como las olas viene y va.

No se tome lo anterior como una rígida aseveración sino como la expresión de un pensamiento; creo que para pensar se puede dudar, pero no puede uno expresarse dudando. Y quizás, así como haya quienes critiquen esta pequeña sombra de idea, otros se identifiquen y piensen que, si bien la idea no puede considerarse una verdad, quizás sea la sombra de una verdad para quien sepa verla. Sin embargo, no pienso lo que he empezado a plantear tan solo con esta defensa, muy inclinada a lo subjetivo, sino que pasaré a dar ejemplos.

Empecemos con la mítica historia de “La torre de Babel”: Los hombres, poseedores todos de una misma lengua y unos mismos vocablos, emigran desde Oriente, se asientan en una llanura y empiezan a crear las herramientas que les permitirán construir su insignia, aquella desafiante torre cuya cúspide habría de llegar al cielo. ¿Qué llevó a este grupo a perturbar la tranquilidad de la vida en la llanura construyendo en medio de ésta una inmensa torre de piedra? En este caso los hombres priorizan realizar el acto aparentemente inútil, ilógico e innecesario de construir la torre –pues querer dejar una muestra de poder no apunta tanto a la necesidad como al orgullo– a permanecer en una rutina tranquila. Cada uno de ellos deseaba seguir avivando su llama –y hacerlo marca la diferencia entre vivir y existir-, llevando a cabo actos impulsados por el deseo de perdurar dejando una huella en el tiempo y el espacio, y esto lo compartieron todos, de la misma forma que compartieron la misma lengua y los mismos vocablos. Al verse incapaces de entenderse entre ellos abandonaron la empresa; el deseo se esfumó tan repentinamente como surgió, pues si bien en un principio parecía que su objetivo fuese unificarse, en realidad sus actos eran, simplemente, una manera de dar rienda suelta a la ambición que albergaban.

En otro texto “Las ciudades y el deseo” (Del libro “Las ciudades invisibles”, Italo Calvino), se reúnen también elementos parecidos. Particularmente se hacen identificables dos situaciones: la ambición es constante y el deseo es repentino. Los hombres que se encuentran luego de haber soñado con aquella mujer que corría desnuda y que escapaba a sus manos, construyen la ciudad – Zobeida - como en el sueño, impulsados por el deseo; su ambición estaba allí, pasiva en el interior de cada uno, y de repente el sueño actuó como detonante y los llevó actuar de una manera ilógica… ¿Por qué mezclar la ilusión con la realidad?¿Esperaban que la mujer del sueño llegara a la ciudad que construyeron, o al contrario, quería cada uno trasladar la imagen de Zobeida al propio subconsciente para atraparla allí? ¿Actuaron por mera nostalgia? Si bien el relato es inverosímil y parece estar enfocado en esencia a un propósito artístico, refleja la característica ambiciosa del ser humano, aquello que lo lleva a reaccionar al deseo.

Las calles de la ciudad eran aquellas por las que iban al trabajo todos los días sin ninguna relación ya con la persecución soñada. Que por lo demás estaba olvidada hacia tiempo”. En otras palabras, su ambición permaneció oculta tras la rutina, en espera de un nuevo deseo. Si alguno hubiese soñado conque aparecía la mujer y se escapaba de la ciudad volando, muy posiblemente al despertar se le hubiese ocurrido construirle a ésta un techo.

Por último, en el texto de Borges “Del rigor de la ciencia”, el deseo se manifiesta de otra manera: la adicción. La adicción surge como manifestación del deseo, es la posibilidad de llevarlo a cabo constantemente; si nada lo impide, el sujeto se verá arrastrado por la ejecución de un acto, que repetirá sin estar totalmente satisfecho, pues siendo humano su ambición es perpetua. Sin embargo, en el relato de Borges se puede ver un poco más allá de la simple repetición del acto. Los cartógrafos no sólo querían ejercer su profesión, sino que buscaban, en específico, crear el mapa más exacto posible, y terminaron por hacer una réplica en tamaño real de aquello que deseaban representar. Su deseo no fue comprendido en el futuro. “Menos Adictas al Estudio de la Cartografía, las Generaciones Siguientes entendieron que ese dilatado Mapa era Inútil y no sin Impiedad lo entregaron a las Inclemencias del sol y los inviernos.” Así pues, el objeto del deseo para unos, puede ser cosa vana para otros.

Para terminar diré que, si bien estos ejemplos no son hechos plenamente históricos sino que pertenecen al acervo literario, son idóneos para ilustrar la reflexión que planteé al comienzo de este texto. Sólo me queda añadir que es necesario identificar qué clase de deseo motiva la ambición que cada uno de nosotros lleva por dentro; así podremos analizar de manera relativamente imparcial tanto las acciones propias como las ajenas, sin juzgarlas precipitadamente… Incluso si a primera vista nos parecen inútiles, ilógicas o innecesarias.

domingo, 8 de mayo de 2011

La Bella

No sé por qué me diste, destino,
esta alma que se hunde
como un soplo en la niebla.

No sé por qué trazaste, alma mía,
este camino que se pierde
como el rastro de aquella.

Canto la melodía que me dejó en el viento
y sin embargo, ninguna luz vislumbro
de aquel brillo de estrellas.

Alzo los ojos en vista
de las señales que susurró a mi oído,
para extraviarme en su voz y en el camino.

Lloro, pues mis palabras se ahogaron
bajo este corazón enmarañadas,
cuando más cerca que nunca me enamoraba.

La Bella, que me amó como si nada
y nada dejó más que un recuerdo,
una mirada, y un alma desolada.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Puzzle

Alguien alguna vez afirmó que la vida es corta. Si es así, entonces en ella puede haber un estado de equilibrio y satisfacción; tal como hay momentos en los que sentimos que no falta nada, hemos de hacer de la vida una cadena de esos momentos, inmensa e inmutable, y no caer en la desmotivación por no encontrar la pieza faltante para completar el rompecabezas #21 o #333 de la infinita serie de éstos que compone la vida.