Sé que busco la sombra del amor que perdí,
el roce de dos manos que el viento separó;
vi tu voz en un rostro que parecía tu rostro
y escuché hablar tus ojos con tanta indiferencia
que prefería olvidarte, o no volver a verte,
o morir si lo quieres, pero que mueras tú.
Porque ya no eres tú.
Ahora el fantasma eres de un amor acabado
y aunque diga tu nombre ya no tiembla mi voz;
no tiembla como antes de amor y más amor,
como cuando estrechabas mi alma entre tus dedos
como cuando un susurro bastaba para mí.
Sé que amé tu sonrisa y esa boca de fuego,
se qué adoré tu abrazo eternamente nuestro;
pero no sé bien cuándo te fuiste de mi mundo
y si tuve la culpa no te vayas de nuevo,
devuélveme primero mi corazón entero,
ese que te pusiste debajo de los pies.
Y aunque en la hora del sol me acuerde de tus ojos
intentando despierto soñar con tu mirada,
sé que en el mundo entero no queda nada tuyo
pues un recuerdo es nada, ni siquiera un susurro;
valen más tus palabras, esas que te guardaste
cuando tus labios rojos me dijeron adiós.
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